• SUBSUELO

CANDE; VOLUMEN 1

Actualizado: 6 de nov de 2020

Demostrar que entre lo anímico y lo político existen límites difusos

Mis escritos casi siempre deambulan entre los planos de la introspección hasta el de la pobreza, el de la militancia. Sin embargo no me siento a gusto encasillándome tanto. Me gusta demostrar que entre lo anímico y lo político existen límites difusos, hablar de la monotonía, del quiebre, de la miseria, del sistema que oprime, de la filosofía. Porque todo es uno. Para mí, la salud mental y la filosofía tienen papeles muy importantes a la hora de salir a marchar, a reclamar por derechos, por justicia; porque la lucha implica fuerza, voluntad, ir en contra de una marea de resignación y conformismo.  



Tuerca de mariposa


El sabor de la furia es irreconocible en mí, cada cosa que pinté la supe esparcir. puedo ser eso bajo el piano que acuchillas en cada nota, solo con querer hacer sonar algo bueno; pero mi sangre no es más que el flujo de todo alivio. podría ser una mariposa a tuercas y sin embargo distenderme en mi oxidación. Incluso hasta hacer de esa tuerca mi único esplendor. puedo dar saltitos por las grietas que separan las hojas de los libros y escabullirme en las sangrías; y hasta lograr que tu vida no carezca de signos de puntuación para salvarte de un agotamiento en un sinsentido de actividades sin tiempo de respiración. puedo colmar tu aire de caricias, y tu luz de olor otoño puedo ser la gota de tinta a punto de serte incrustada cual arruga luego de 80 años en piel. puedo ser como la espuma en tu café y besarte en forma de burbujitas, y no importa que me absorbas con la intensidad con la que lo haces, no me desvanezco; porque mis venas se conectan como cables persistentes dentro de la pared más fuerte y la textura más suave que existe. mi esencia es cual acuarela no importa que me inundes, que me colmes con el agua de la más ahogante de las prosas, mi marca queda intacta aunque sea de forma minuciosa. no importa que el tiempo pase más rápido que la hoja que de algún árbol se acaba de desprender; yo puedo hacer eterna cualquier luna de miel. si tus problemas se vuelven tan sólidos como la tierra que pisas te siembro un par de colores y tus lágrimas harán que florezca el más pintoresco de los amores. y si algún día deviene marchito no colapses como todo crece todo puede desvanecerse ante los microbios del desencuentro, pero seguir infusionado en el polen y esperando su momento.



El pan, el vino y su arma de doble filo.


Supe decir que lo poco bastaba, supe no darme cuenta que sólo me conformaba. no hay mayor suplicio que el derecho recibido a deshora. luego de haber llorado por una migaja de pan no hallada, tras una larga excavación en él para no ingerir lo que aquello demostraba con su opaco color moho que tenía el poder de hacernos enfermar. mi madre nunca pudo ni asistir al secundario, y todavía veo a aquellos que lloran por no alcanzar el doctorado. era normal verla buscar las monedas hasta dentro de sus zapatos, y que el vecino con cara de lástima y desagrado, nos tire unos cables para reemplazar los cordones no usados. y debíamos besarle las manos por dicha ofrenda. a diario nos íbamos a llorar a un rincón del baño, todavía percatándonos de que no nos vieran porque ni siquiera había puerta. cuando nos encontrábamos con un plato de comida arriba de la mesa, todo parecía teñirse color cumpleaños. cuando eran dos en el día era tan irreal que parecían los reyes magos. y después mis amiguitos en la escuela quejándose del payaso de su enorme fiesta.

Yo que deseo lo más poco y algunos que quieren más teniendo de todo. notaba como los fideos eran tan finos como nuestros cabellos y el plato casi pelado. sin embargo mamá siempre ponía 5 más de nuestro lado. era rutina ponerle alguna planta al agua y hacerse un té para disminuir la dureza del pan también tirado por el bobo de al lado. y todo tenía que ser contado. un relato del interior del cuerpo de mi madre sería aún más trágico, pero el mio no deja de ser apenado. llegaba a casa golpeado de tantas palabras, más hirientes que una patada. por usar la misma remera, por guardar siempre la manzana. mientras tanto mamá salía a vender hasta sus ropas y después no se abrigaba. entonces hacía frío y se resfriaba. algo que no podíamos controlar porque demasiado dinero costaba. a veces dejaba su orgullo y pedía algunas monedas o iba a casa de papá a cambiar unos golpes por un par de medias. para hacernos felices aunque sea un rato.

a veces la maestra me retaba por guardarme la comida y las mandarinas al ir a la escuela pero yo llegaba a casa, lo repartía y eso era la cena. 3 gajos para cada hermana y el sanguchito para mamá mintiéndole con que me habían dado uno de más. cuando llovía no sufríamos tanto más nos gustaba ya que por un día significaba no tener que pagar por agua. cuando hacía calor no había nada que nos salve más que con un pedazo de papel tirarnos un poco de aire. gustos eran poder saciar las necesidades básicas ya ir a tomarse un helado al parque era cuento de hadas o comprarse un libro, o tener un gato. nunca se me erizó tanto la piel por el sufrimiento cuando no pude darle de comer a aquella mascota que llevé en acto de rebeldía. entonces realmente sentí lo que mamá sufría todos los días. uno aprende a vivir así porque ignora la injusticia lee cuentos que le parecen raros porque tuvo que adaptarse a vivir en un mundo extraño. ver juguetes era como mirar hacia adelante 30 años. usando lo que tenía medio a mano imitaba algún juego más humano me gustaba hacerme el chef con un poco de hojas y barro pero no podía ensuciar el plato de comida y tampoco retener las cosas en mis manos, porque significaba luego hacer un uso del jabón bastante en vano. no podía ni regalarme jugar un poco con la tierra mientras daba pasos. la música me gustaba cuando pasaba por la casa del vecino y estaban todos bailando ¡tan despreocupados! pensaba qué lindo sería que me dieran una canción de regalo. por ahí me gustaba tocar la batería con unas ramas y si encontraba algún pisito que sonara. no soportaba ser despojado de algo que todos disfrutaban. evoco cierto día como si lo estuviese soñando todavía: en mi paseo por el barrio en busca de al menos algo vi un árbol que lloraba semillas como yo lloraba cuando no salía ni una gota de la canilla. las junté como si fuesen oro y yo fuera quien por fin encontraba el final del arcoiris. pedí en el kiosco una botella y simulé un palo de lluvia lo llevaba afuera para calmarme cuando dentro de casa se respiraba penuria.

hoy también tengo el vino. esta vez he sido coronado con el privilegio de tener un mejor techo, de preocuparme por mi mente abandonada y que enfermarse ya no sea un sacrilegio. pero todavía me peleo con el lujo que poseo esto de preocuparme por algo más allá de llevarse un pan a la boca y mantenerlo un rato para que la saliva lo ablande como mis paños en el agua tratando de curar la fiebre de mi madre. atesorado por el hecho de que ya no me preocupe demasiado tener que mantener el cuerpo estable. tengo un tesoro y tanto no lo quiero. no mientras todavía hay compañeros más los siento hermanos que son desterrados que van en busca de tener algo en la mano. se están armando un barrilete con alguna bolsa que encontraron en la basura intentando volar y salir de la amargura.



Soledad de cuento a cuento No te miento, a veces cedo a veces estoy entera y a veces me enredo. no se mi naturaleza, no sé ni qué tan cierta es mi raza pero si hay algo que conozco con certeza, es cada rincón de esta casa ¿por qué crees que cada uno tiene sus marcas? y en cada recoveco, soy yo o mi sombra aquella que me escolta, me encandila y me devora. Y me provoca el impulso al desvío en cada esquina en la que me atañe su impronta. En ese escaso lugar para ambas, ahí es donde me protejo. Y ya no siento los puños cuando los cierro por miedo. "Soy mortal; esto es efímero" es lo que difunde todo ser vivo. ¡Como si esto fuese consuelo, cuando agobia algo que ni siquiera produce sombra! En tu camino hacia un olvido, en algún paso me dejaste Y me intriga saber en qué asiento se estancaron mis palabras cuando te sentaste a recordarme. He arrancado plumas de mi cabeza para tratar de llenar la almohada en la que me entierro. Es ahí donde yacen mis sueños nocturnos, rotos, en una mente que no es mía y a plena luz del día. Caminar por estos suelos no es diferente a abrigarme un día de verano. Pero no por eso puedo decir que todo esto es en vano. Buscarle el querer al encierro, poner tus truenos en mis manos y proteger mi escape con un candado. Yo hubiera querido no sentir los colores de las fotos desvanecerse en mis pies. Yo hubiera querido no desdibujarme en el lecho que me amparaba. Yo hubiera querido encontrarme fuera de las letras que me refugiaban. En momentos la soledad no me aprisiona. Siempre fui capaz de jugar en la jaula de mi propia persona.

En medio de las manchas de café y las hojas rotas fui una aventurera de prosa en prosa. Compartí mi locura con Don Quijote y lo ayudé a cuidar sus armas. Acompañé a Lucio en su rutina, acepté su metamorfosis, porque creía en su alma pura y fina. Sentí las lágrimas de tinta de Pizarnik escribir en mí, y marcar mis poros con su soledad y la mía. Le di asilo a la China Iron, tras ser abandonada, y también sacié su sed en el desierto. Entrelazada a Tamura, le di un diván en forma de hebras y suave jazz al mediodía. Entendí su complejo, y por las calles de Tokio me dejé entumecer por lo que solo a él lo atormentaba. Absorbiendo con Simone el suero que tenía a su madre encerrada, nos dimos cuenta que el azúcar no endulzaba, sólo absorbía lágrimas que después ya no servían de nada. Sentí pánico y mi corazón tembló al igual que Chinatown en plena guerra. Pero aún así apoyé a Grace, Helen y Ruby, a soportar una cultura que para ellas era su propio campo de batalla, y no había lugar para la espera. Intenté, estando alerta a la ironía, apagar las llamas del infierno que acogía a Guy Montag, y lo alejaban de los textos que podrían concluir su intriga, y callar su agote. Se desvanece mi apatía y me doy cuenta que al menos los libros yo los tenía. Guy veía gente morir al poseerlos y yo vivía con ellos. Quizás eso me dificulta el día a día. Quizás eso me mantiene en la balanza en la que a veces reina la aventura y a veces la desesperanza. Las historias me dieron un lugar incomparable toda mi vida. Ahora voy a tener que montar el mismo escenario y protagonizar la mía.


Ramificar


Como mendigo a mojigato se me pide que escriba sobre el deseo. no desconozco que mis manos serían capaces de narrar acerca de cómo nuestro encuentro se configura dentro del verso más compacto y las palabras más dulces. pero mi escritura no se sembró para dar fruto a relatos noveleros y mucho menos hará crecer tactos conducidos por una pasión casi exorbitante. deseo deseo no tener que medir el tiempo. poder deshacerme de los milímetros que no dejan de supeditar para que la calidez de diluirme en algo incierto no sea, simplemente, aterrador. deseo subsistir fuera de las estructuras que no me dejan respirar por y para el arte y la cultura. deseo que mis noches sean las cenizas de mis días y hagan de ellas poesía. deseo que a su vez mis días esten colmados de pasos que hagan tanto ruido que dejen a la tierra adormecida, casi sedada y a las almas emancipadas. deseo que nuestras voces hagan temblar el muro más persistente y la razón más rota. deseo que esta potencia desintegre el hambre de mis hermanos y socorra las mentes. deseo que mis gritos manchen y mi tinta libere. -y viceversa- No quiero que mis textos sean estrellas que acompañen a Van Gogh por las noches y los contemplen con presunción ni siquiera que estén escritos con la sangre de su oreja cortada. en ocasiones me voy a dormir con la resignación entre los dientes y la saliva tan ácida cual lluvia en las casas más desamparadas. mis súplicas dialogan con las sábanas este no tendría que ser el primer desaliento que me atrapa.



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